Comprender la depresión

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(Understanding Depression)

La depresión es el problema de salud mental más común en Estados Unidos. Cada año afecta a 17 millones de personas de todos los grupos de edad, raza y origen económico.

Hasta 1 de cada 33 niños puede sufrir depresión; en los adolescentes, esta cifra asciende hasta 1 de cada 8.

Por ello, es conveniente que los padres y cuidadores estén informados sobre la depresión, y que usted sepa cómo ayudar a su hijo, o a algún niño que usted conozca, si está deprimido.

Sobre la depresión

La depresión no es sólo estar de mal humor y melancólico de vez en cuando. Tampoco es sentirse desanimado o triste. Estos sentimientos son normales en los niños, sobre todo durante la adolescencia. A pesar de que las decepciones y reveses importantes provocan tristeza y rabia en las personas, los sentimientos negativos suelen disminuir con el tiempo.

Pero cuando un estado depresivo, o un estado anímico, se prolonga durante mucho tiempo —semanas, meses o incluso más tiempo— y limita la capacidad de la persona de funcionar normalmente, podría diagnosticarse una depresión.

Los tipos de depresión incluyen: depresión mayor, distimia, trastorno de adaptación con estado de ánimo deprimido y trastorno bipolar o depresión maníaca. Todos estos tipos pueden afectar a los niños y los adolescentes.

La depresión mayor es un problema serio caracterizado por un estado de ánimo triste, sentimientos de infravaloración o culpa, y la incapacidad de sentir placer y felicidad de una manera constante. La depresión mayor suele interferir en las actividades cotidianas como comer y dormir. En los niños, la depresión puede presentarse como "mal humor" o irritabilidad que persiste durante largo tiempo, aunque el niño no reconozca que está triste.

La distimia puede diagnosticarse cuando la tristeza o la irritabilidad no son intensas pero se mantienen durante un año o más tiempo. Los niños con distimia se sienten "desanimados". Pueden tener la autoestima baja, sentirse desesperanzados e incluso tener problemas para dormir o relacionados con la comida. A diferencia de la depresión mayor, la distimia no interfiere seriamente con las actividades cotidianas, pero el "estado de ánimo bajo" es una característica constante en el mundo del niño. Sin embargo, al menos un 10% de los que tienen el trastorno distímico llegan a desarrollar una depresión mayor.

El trastorno bipolar, otro tipo de trastorno del estado de ánimo, se caracteriza por episodios de depresión con baja energía (tristeza y desesperanza) y otros de manía y elevada energía (irritabilidad y temperamento explosivo). El trastorno bipolar puede afectar a entre un 1% y un 2% de los niños. Más de 2 millones de adultos tienen el trastorno bipolar, que a menudo se desarrolla en los últimos años de la adolescencia y en los primeros de la edad adulta. Las investigaciones en los niños no son exhaustivas, pero los expertos creen que los niños y los adolescentes con trastorno bipolar pueden experimentar una serie de problemas, como trastornos por déficit de atención, trastornos de conducta oposicionista, ansiedad e irritabilidad, además de cambios en el estado de ánimo desde depresión a manía.

Causas de la depresión

La depresión no suele estar causada por un acontecimiento o razón, sino que normalmente es el resultado de varios factores. Las causas varían de una persona a otra.

La depresión puede estar causada por unos niveles bajos de neurotransmisores (sustancias químicas que transmiten las señales a través del sistema nervioso) en el cerebro, lo que limita la capacidad de la persona de sentirse bien. Es probable que la genética intervenga, pues la depresión puede transmitirse en las familias, de modo que si alguien tiene un pariente cercano con depresión, puede tener una posibilidad mayor de sufrirla.

Los acontecimientos significativos de la vida, como la muerte de un ser querido, un divorcio, un traslado a otra zona o incluso una ruptura con un novio o novia, pueden provocar síntomas de depresión. El estrés también puede intervenir, y como la adolescencia puede ser una época de gran agitación emocional y social, las cosas que son difíciles de manejar para cualquiera pueden ser devastadoras para un adolescente.

Además la enfermedad crónica puede contribuir a la depresión, al igual que los efectos secundarios de ciertos medicamentos o ciertas enfermedades infecciosas.

Diagnosticar la depresión

Los niños con depresión describen sentimientos de desesperanza respecto a cualquier cosa o dicen sentir que no vale la pena esforzarse por nada. Están convencidos de que "no son buenos", de que su mundo es un lugar difícil y de que son incapaces de hacer nada respecto a ello.

Pero para realizar un diagnóstico preciso de depresión mayor, es necesario llevar a cabo una evaluación clínica detallada por parte de un médico o de un profesional de la medicina o un especialista en salud mental (como un psicólogo o un psiquiatra). Para que se cumplan los criterios de un diagnóstico de depresión, tienen que haber estado presentes 5 o más de los siguientes síntomas durante más de 2 semanas:

  • sentimiento de estar desanimado o triste sin ninguna razón
  • falta de energía, sensación de ser incapaz de hacer la tarea más simple
  • incapacidad para disfrutar de las cosas que antes producían placer
  • falta de deseo de estar con amigos o familiares
  • sentimientos de irritabilidad, ira o ansiedad (la irritabilidad es especialmente común en los niños y adolescentes)
  • incapacidad para concentrarse
  • aumento o pérdida de peso notables (o una ganancia de peso inferior a la esperada), o un interés escaso o excesivo por la comida
  • un cambio significativo en los hábitos de sueño, como dificultades para dormir o para despertarse
  • sentimientos de culpa o de inutilidad
  • dolores a pesar de no existir problemas físicos
  • falta de interés sobre lo que ocurrirá en el futuro
  • pensamientos frecuentes sobre muerte o suicidio

Para un diagnóstico de distimia, se deben experimentar dos o más de los siguientes síntomas casi todo el tiempo durante al menos un año:

  • sentimientos de desesperanza
  • baja autoestima
  • dormir demasiado o incapacidad para dormir
  • fatiga extrema
  • dificultades para concentrarse
  • falta de apetito o comer en exceso

Los niños y los adolescentes que están deprimidos tienen mayores probabilidades de consumir alcohol y drogas que los que no están deprimidos. Como estas sustancias pueden permitir a una persona olvidar momentáneamente la depresión, parecen remedios fáciles. Pero pueden hacer que alguien que está deprimido se sienta aún peor.

Reconocer la depresión

Si usted cree que su hijo tiene síntomas de depresión, es importante que intervenga. Hable con su hijo y con su médico o con otras personas que conozcan bien a su hijo. Muchos padres se despreocupan pensando que ya pasará, o evitan actuar porque pueden sentirse culpables o porque prefieren resolver los problemas familiares en privado.

Durante mucho tiempo se mantuvo la creencia de que los niños no se deprimían y que los adolescentes pasaban por una época de "confusión y estrés", por lo que muchos niños y adolescentes con depresión no se trataban. Ahora se sabe más sobre la depresión en la infancia y los expertos dicen que es importante ayudar a los niños tan pronto como se descubre el problema.

A menudo los padres se sienten responsables por las cosas que les pasan a los hijos, pero los padres no son los causantes de la depresión. Sin embargo, es verdad que la separación de los padres, la enfermedad, la muerte y otras separaciones pueden provocar problemas de corta duración en los niños y a veces desencadenar un problema asociado a una depresión de más larga duración. Esto significa que si su familia está atravesando algo estresante, puede ser conveniente pedir el apoyo de un consejero, terapeuta u otro experto durante esta época.

También es importante que recuerde a su hijo que usted está ahí para apoyarlo. Dígale esto una y otra vez; los niños con depresión necesitan escucharlo muchas veces, porque sienten que no merecen amor y atención.

Recuerde que cuando los niños están deprimidos pueden ver el mundo de manera muy negativa, porque sus experiencias están teñidas por la depresión. Pueden actuar como si no deseasen ayuda o como si no supieran lo que están experimentando realmente.

Si sospecha que hay un problema

La buena noticia es que los profesionales pueden ayudarle. La depresión puede tratarse con éxito en más del 80% de las personas que se deprimen. Pero si la depresión no se trata, podría conducir a la muerte, pues es el factor de riesgo principal del comportamiento suicida.

La depresión puede tratarse con psicoterapia, medicamentos y una combinación de psicoterapia y medicamentos. Un psiquiatra puede recetar medicamentos, y aunque pueden hacer falta varios intentos hasta encontrar el fármaco adecuado, la mayoría de las personas que siguen el tratamiento prescrito finalmente se llegan a sentir mejor.

La psicoterapia se centra en las causas de la depresión y trabaja para ayudar a cambiar los pensamientos negativos y encontrar maneras que permitan a una persona a sentirse mejor. La psicoterapia cognitivo-conductual ha demostrado ser muy eficaz para tratar la depresión y los sentimientos de ansiedad asociados a ella. La depresión puede estar causada y mantenida por una manera de pensar negativa, y este tipo de psicoterapia, cuando es administrada por un profesional, puede ser enormemente eficaz para combatir estos pensamientos.

Buscar ayuda para su hijo

Su primera consulta debería hacerla al pediatra de su hijo, que probablemente realizará un exámen completo para descartar la existencia de una enfermedad física. Si sospecha que su hijo puede sufrir de depresión, lo derivará a un psiquiatra (un médico que puede hacer un diagnóstico, ofrecer un tratamiento y recetar medicamentos) o a un trabajador social clínico (una persona con el titulo de trabajador social especializada en el tratamiento de la depresión en la infancia).

Para el tratamiento de la depresión de su hijo, todos estos profesionales de la salud pueden ayudar. Lo importante es que su hijo se sienta a gusto con esa persona. Si no encajan bien, busque otra.

Los profesores de su hijo o el consejero o psicólogo de la escuela también pueden ayudar. Estos profesionales se preocupan por el bienestar de su hijo y toda la información que se comparta con ellos durante la terapia será confidencial.

Tratamiento de la depresión

No posponga el tratamiento de su hijo. La detección y el diagnóstico precoz son la clave para tratar a los niños con depresión.

Un psiquiatra o un psicólogo de niños y adolescentes pueden realizar una evaluación completa e iniciar un plan de tratamiento que puede incluir terapia, medicamentos o ambas cosas. El terapeuta puede indicar la conveniencia de asistir a algún grupo de apoyo donde la familia trabaje con el niño en sesiones de terapia.

Dependiendo de la edad y la madurez de su hijo, puede ser beneficioso para él participar en las decisiones sobre el tratamiento.

¿Qué puedo hacer para ayudar?

La mayoría de los padres piensan que su función es asegurar la felicidad de sus hijos. Si su hijo está deprimido, puede que usted se sienta culpable por no ser capaz de animarlo. También es posible que piense que su hijo está deprimido por algo que usted hizo o no hizo. Esto no es cierto. Si le cuesta manejar la culpa, la frustración o la ira, considere la posibilidad de solicitar ayuda terapéutica para usted. A la larga, esto puede ser beneficioso tanto para usted como para su hijo.

Otras maneras de ayudar:

  • Asegúrese de que su hijo toma las medicinas que le receten y anímelo a comer de manera sana, pues esto también puede mejorar su estado de ánimo y su aspecto.
  • Procure que su hijo se mantenga activo. Se ha demostrado que la actividad física ayuda a aliviar los síntomas de depresión. Incorpore el ejercicio físico, como paseos en bici o caminando, a las actividades habituales de la familia.
  • Recuerde a su hijo que usted está ahí, que lo quiere y lo valora y que le interesa oír lo que tenga que decir, aunque esto pueda ser desagradable. Aunque a su hijo puede costarle creer estas cosas, es importante que se las diga.
  • Acepte la situación y nunca le diga a su hijo que "se anime". Recuerde que lo que está provocando la incapacidad de su hijo de levantarse de la cama, de hacer sus tareas o estudiar no es la pereza. Lo que le ocurre simplemente es que no tiene el deseo ni la energía para hacer esas cosas. Sin embargo, usted puede aún elogiar y recompensar a su hijo por los esfuerzos que haga.
  • Esté atento a las señales de alarma, y asegúrese de que sigue el tratamiento prescrito, ya sea medicación, terapia o ambos. Llame al médico si observa señales de que su hijo podría hacerse daño a sí mismo. Si su hijo habla de suicidarse con usted o con otra persona, o si muestra signos de alarma, como regalar sus pertenencias o preocuparse por la muerte, llame inmediatamente a su médico o a un profesional de salud mental.

La depresión puede ser aterradora y frustrante para su hijo, usted y el resto de la familia. Sin embargo, con el tratamiento adecuado y su ayuda, su hijo podrá empezar a sentirse mejor y disfrutar de sus años de adolescencia y de la edad adulta.

Revisado por: D'Arcy Lyness, PhD
Fecha de revisión: octubre de 2011

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