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Paludismo

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(Malaria)

Sobre el paludismo

El paludismo, también conocido como malaria, es una enfermedad infecciosa común de las zonas tropicales donde hace calor, pero también puede producirse (en muy raras ocasiones) en climas templados.

Está causada por cuatro tipos distintos de parásitos unicelulares de la especie Plasmodium, que son transportados por unos mosquitos que se han infectado con este parásito al picar a alguien que ya tenía la enfermedad. El paludismo se transmite a otras personas cuando los mosquitos infectados les pican. En muy raras ocasiones, la enfermedad puede contagiarse directamente de una persona a otra (de una madre a un hijo, lo que se denomina paludismo congénito, o por una transfusión de sangre, por donación de órganos o por compartir agujas).

En todo el mundo, cada año se infectan de paludismo 300-500 millones de personas. La mayoría de los casos se producen en la África subsahariana, y aproximadamente 2 millones de personas mueren cada año. El paludismo es poco frecuente en Estados Unidos, y en los últimos 10 años sólo se han contabilizado 1.300 casos. La mayoría de los casos se produjeron en viajeros, personal militar e inmigrantes que se habían infectado con los parásitos del paludismo fuera de los Estados Unidos.

Signos y síntomas

Si un niño contrae el paludismo, al principio puede mostrarse irritable y somnoliento, con poco apetito y dificultades para dormir. Estos síntomas suelen seguirse de escalofríos y después de fiebre y respiración agitada. La fiebre puede ir aumentando paulatinamente en 1 o 2 días o bien subir de golpe hasta 40,6º Celsius (105º Fahrenheit) o más. Luego, cuando la fiebre se pasa y la temperatura corporal regresa con rapidez a los valores normales, viene una etapa en la que se producen sudores intensos.

El mismo patrón de síntomas —escalofríos, fiebre, sudores— puede repetirse en intervalos de 2 o 3 días, dependiendo de la especie de parásito del paludismo que haya causado la infección. Como los síntomas iniciales no son específicos de esta enfermedad y pueden confundirse con los de otras enfermedades, puede ser difícil diagnosticarla. En los países donde el paludismo es muy frecuente, no es raro que los médicos administren el tratamiento para el paludismo a personas que presentan fiebre que no parece provocada por una causa evidente, sin necesidad de obtener la confirmación del paludismo mediante análisis de sangre.

Otros síntomas del paludismo incluyen dolor de cabeza, náuseas, dolores y molestias en todo el cuerpo (especialmente en la espalda y el abdomen), y un agrandamiento anormal del bazo. Cuando el paludismo afecta al cerebro, un niño puede tener convulsiones o perder el conocimiento. Si el paludismo afecta a los riñones, la cantidad de orina disminuye. En el paludismo producido por el parásito Plasmodium falciparum, la etapa de fiebre y escalofríos es especialmente intensa y este tipo de paludismo puede ser mortal en un 20% de los casos.

Cuando los parásitos del paludismo entran en el torrente sanguíneo, viajan hasta el hígado y se multiplican. Cada pocos días, desde el hígado se liberan miles de parásitos a la sangre, donde destruyen los glóbulos rojos.

El período de incubación del paludismo es el tiempo que transcurre entre la picadura del mosquito y el comienzo de síntomas. La duración de este período depende del parásito del paludismo que causa la enfermedad. En general, puede variar entre 10 días y un mes.

Si se administra tratamiento, el paludismo suele curarse en unas 2 semanas. Sin tratamiento, puede llegar a causar la muerte, especialmente en niños desnutridos.

Prevención

Las autoridades sanitarias intentan prevenir el contagio del paludismo mediante programas de control dirigidos a eliminar a los mosquitos que transmiten la enfermedad. Si viajas a una zona del mundo donde exista un riesgo elevado de contraer paludismo, puedes tomar medidas como instalar telas metálicas antimosquitos en las ventanas, usar repelentes de insectos y colocar mosquiteras sobre las camas. En África, se ha comprobado que las mosquiteras impregnadas de insecticida han reducido con éxito el número de muertes por paludismo en los niños.

Antes de viajar a cualquier zona tropical o subtropical donde haya un riesgo elevado de contagio de paludismo, consulte a su médico. Este podrá recetarle medicamentos antipalúdicos para su familia para prevenir la enfermedad. Actualmente se están desarrollando e investigando en todo el mundo diversas vacunas contra el paludismo, pero como el parásito que provoca el paludismo tiene un ciclo de vida complicado, este tipo de vacuna resulta difícil de crear.

Diagnóstico y tratamiento

Los médicos diagnostican el paludismo mediante análisis de sangre especiales. La muestra de sangre que se extrae se envía al laboratorio para que allí la estudien bajo el microscopio y comprueben si contiene los parásitos del paludismo, que pueden verse dentro de los glóbulos rojos.

Para tratar el paludismo los médicos utilizan medicamentos antipalúdicos, como la cloroquina y la quinina, que se administra por vía oral, mediante inyección o de forma intravenosa (en las venas). Según el tipo de parásito involucrado, se puede administrar el tratamiento en régimen ambulatorio (sin hospitalización) durante algunos días o bien ingresando al paciente en el hospital para administrarle el medicamento por vía intravenosa. Los médicos también observan si aparecen signos de deshidratación, convulsiones, anemia y otras complicaciones que puedan afectar al cerebro, los riñones o el bazo. En algunos casos es necesario que los pacientes reciban líquidos, transfusiones y asistencia respiratoria.

El paludismo es la principal causa de muerte en el mundo. Si la enfermedad se diagnostica al comienzo y se trata, puede curarse. Sin embargo, muchas personas que viven en zonas donde el paludismo es común se infectan en repetidas ocasiones y no llegan nunca a recuperarse entre los distintos episodios de enfermedad.

Revisado por: Joel Klein, MD
Fecha de renovación: abril de 2009

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